Gracias por enseñarme que en la levedad de las caricias existe una pequeña inmortalidad, dispuesta a quedarse para hacerte daño cuando vengan sus ausencias.
Gracias por el dolor, por haberme obligado a digerir derrotas, decepciones e imposibilidades.
Gracias por el amor, por saber que he amado, que todavía lo hago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario