Salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y... ¡Joder, que guarrada sin ti! Voy que ni toco el suelo y espanto hasta a las nubes, no sé si son tus besos o este tripi que me sube.
viernes, 26 de agosto de 2011
No me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza, por eso de que sus caderas. Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras, todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da, pero además, la he visto seria, ser ella misma, y en serio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que mírala como bebe las cervezas y como se revuelve sobre las baldosas y que fácil parece a veces enamorarse y todo eso de que ella, puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir viva, y a la mierda con la autodestrucción. Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre, pero no sabes lo que es caer de un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte: Venga, hazte un peta, y me lo cuentas. No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece luego te abraze y luego no sepas como desacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo sea el primero que entiende que pierdas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte, son algo con lo que ya cuento, quiero decir que a mí de versos, no me tienes nada que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos, que yo también la veo, que cuando ella cruza por debajo del cielo, solo el tonto mira al cielo, que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior, que conozco su voz en formato susurro, y en formato gemido y en formato secreto, que me sé sus cicatrices, y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pié izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas, y la forma de rozar las cuerdas de su guitarra, que yo también he memorizado su número de teléfono pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías, que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo si que no tengo cojones de decirle que ''no'' a nada, porque tengo más deudas con su espalda, de las que nadie tendrá jamás con la luna, y mira que hay tontos enamorados en este mundo, que se la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, reunida en ese puto milagro que se supone que existe, que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena, rompiendo todos los relojes que le puso el camino, la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana, no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo, que lo de mira si, un polvo es un polvo, y es solo el tesoro pintado de rojo sobre sus uñas, y solo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre, que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo, sobre la misma, pero razones tenemos todos, pero yo, muchas más que vosotros.
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